Manuel Marín
Escultura
Móvil en acero policromado
110 X 135 cm.
VENDIDO

Descripción

Manuel Marín es un escultor español, nacido el año 1942 en Cieza y residente en Alhaurín de la Torre.
A los 20 años conoció en Londres a Henry Moore , que le contrató como ayudante para fundir esculturas de bronce.2
En 1964 se trasladó a Nueva York, donde abrió su propia galería de arte.1
Influido por Alexander Calder y por Joan Miró, es autor de esculturas móviles llenas de color.

El escultor Manuel Marín ha recibido la Medalla de Oro Mayte Spínola, a título póstumo, en la Casa Museo El Romeral. Mónika Rabassa, viuda del artista, acompañada de Pedro Sandoval, director del Grupo pro Arte y Cultura, recibió el galardón en medio de emocionados aplausos. Rabassa, que reside en Málaga conserva las piezas realizada que dejó su esposo antes de su fallecimiento. La Casa Museo El Romeral cuenta con una de ellas.

Aunque trabajó desde muy joven, en 1962, a los 20 años, como ayudante del escultor británico Henry Moore para fundir piezas de bronce, no fue este escultor británico el que le motivó e influyó a Manuel Marín a la hora de lanzarse a realizar su propia obra artística, sino el norteamericano Alexander Calder y el español Joan Miró. Su atención visual se enraizó en las vanguardias. Los acabados fuertes, limpios y pulidos de las obras de Marín las dotan de tal presencia y elegancia, que las definen con firmeza. Ello explica los numerosos coleccionistas internacionales que atesoran su escultura.

No fue el bronce, sino el acero policromado, el material que captó la atención plástica de Manuel Marín (Cieza, Murcia, 1942 –Alhaurín de la Torre, Málaga, 2007), porque era aquel que le proporcionaba los efectos que andaba buscando: la materialización prevista del color, la lisura y el pulimiento ligero, la ductilidad necesaria, el peso adecuado para hacer móvil la escultura… con piezas que a veces alcanzan hasta los 5 metros de altura o de longitud en el espacio.

Trabajador impenitente y espíritu inquieto, Manuel Marín viajó en 1964 de Gran Bretaña a los Nueva York, donde desempeñó tareas de galerista, hasta entregarse de lleno al arte de la tercera dimensión como vocación profunda y elección vital. En los Estados Unidos, el escultor se relacionó con los artistas del momento, en la década de 60, como Willem de Kooning, Jean Michel Basquiat, Keit Haring…

El resultado de su indagación visual, de su investigación plástica en el taller, fue la realización de una fecunda serie de esculturas aladas, móviles… que dialogan con la brisa y el viento, en el interior de un hábitat privado o en el espacio público de una ciudad. Esculturas de suelo, de techo de pared… sin límites, con prolongación en el espacio.

Los colores lisos y brillantes iban a ser un factor determinante en su arte tridimensional. Con un repertorio fundamentalmente de negros, rojos, amarillos y azules, es capaz de crear una sinfonía infinita de formas y efectos móviles que funcionan como hojas de un árbol, como notas musicales, como guirnaldas que se bambolean en el aire…

Los títulos dinamizan con frecuencia la interpretación del espectador y el autor no se ha privado de crear una suerte de fauna abstracta con sugerencias visuales, como El pájaro loco, enorme monumento público en los Jardines de Alhaurín de la Torre, o La Gacela en la rotonda del Peñón, amén de otras muchas en distintos espacios internacionales, entre ellos el monumento del Aeropuerto de Málaga. Fauna de tierra, de selva, de aire, de mar… La interpretación es libre.

No siempre hay referencias a la figuración en esta obra; podemos ver instalaciones monocromas y abstractas, a modo de guirnaldas geométricas en el interior de un espacio, que compone de por sí una escena en el aire, una instalación audaz. Son siempre artefactos de belleza. Formas ágiles en complicidad con la expectación.

Todas las esculturas de Manuel Marín rezuman color y movimiento para gozo de los espectadores, que transitan cercanos a ellas en los lugares concurridos donde se instalan. Países como Estados Unidos, Canadá, México, Puerto Rico, China, Japón… y en Europa Italia y España principalmente, cuentan con soberbias piezas del escultor, tanto en monumentos públicos como en colecciones particulares.

Las esculturas de Manuel Marín ponen acentos de arte, color y movimiento en las plazas, parques, jardines. La Naturaleza junto a la obra artística del hombre. El verdor, junto a los colores puros del escultor/pintor. Lo vegetal y sus curvas junto a las rectas y lisura del acero. La brisa y el viento juegan con los móviles silenciosos o ligeramente sonoros, para deleite de quien los mira y contempla. Una escultura que así, multiplica su espacio en el aire. Regocijo de pequeños y mayores. Piezas bellas y lúdicas. Alegría en la estética. La belleza perece en la vida, pero es inmortal en el arte, decía Leonardo da Vinci.

Manuel Marín es un referente en la escultura española de los móviles y del color.

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